jueves, 13 de agosto de 2009

La montaña

Una tarde de otoño subí a la sierra

y al sembrador, sembrando, miré risueño;

¡desde que existen hombres sobre la tierra nunca se ha trabajado con tanto empeño!

Quise saber, curioso, lo que el demente sembraba en la montaña sola y bravía;

el infeliz oyóme benignamente y me dijo con honda melancolía:

—Siembro robles y pinos y sicomoros;

quiero llenar de frondas esta ladera,

quiero que otros disfruten de los tesoros

que darán estas plantas cuando yo muera.

(extracto de "El Sembrador", de Rafael Blanco Belmonte).



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